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Mitos sobre el 666 - explicacion cientifica historica - El A

    

Un poquito largo, a los de poca paciencia vayan a lo resaltado en Negrita
creditos a Isaac Asimov
Dedicado a los amigos ateos

Juan
Hay pasajes apocalípticos en varios libros del Antiguo Testamento. Isaías, por
ejemplo, contiene un «pequeño apocalipsis» (v. cap. I, 23), y la última parte de
Daniel es apocalíptica. Sin embargo, en el Antiguo Testamento no hay ningún
libro enteramente apocalíptico, aunque sí se encuentra uno en los apócrifos: 2
Esdras (v. cap. 31).
Pero en época de Domiciano se escribió un apocalipsis especialmente complejo y
rico en simbolismos. Su autor era cristiano y al fin se aceptó en el canon pese
a ciertos recelos iniciales. En la actualidad se presenta como el último libro
del Nuevo Testamento y es el único enteramente apocalíptico de la Biblia.
Como «apocalipsis» significa «desvelamiento» o «revelación» (de temas que de
otro modo permanecerían ocultos para siempre porque, sin ayuda, la razón del
hombre no podría penetrar en ellos), este último libro puede llamarse «El
apocalipsis» o «La revelación»: así lo titula la versión King James.
El autor del apocalipsis se nombra a sí mismo y no trata de atribuir la autoría
a un sabio antiguo, como suele hacerse en la literatura apocalíptica:
Apocalipsis 1.1. Revelación de Jesucristo, que para instruir a sus siervos sobre
las cosas que han de suceder pronto ha dado a conocer por su ángel a su siervo
Juan,
Lo que deja el interrogante de quién pueda ser Juan. La tradición más común es
que el cuarto evangelio, las tres epístolas de Juán y el Apocalipsis fueron
escritos por la misma persona: Juan el apóstol; es decir, Juan el hijo de
Zebedco. En consecuencia, las versiones católicas de la Biblia lo titulan: «El
apocalipsis del apóstol san Juan».
Cierto es que, aunque escrito en griego, el libro tiene muchas expresiones y
sintaxis semíticas, y casi todos los versículos rebosan de alusiones al Antiguo
Testamento. Lo que casi podría considerarse como prueba de que el autor era un
judío de Palestina que pensaba en hebreo o en arameo y que aprendió griego en
edad avanzada, como cabría esperar del apóstol Juan.
Por otro lado, es posible que el lenguaje no pruebe nada en un sentido o en
otro. Tal vez fuese un imitación forzada del lenguaje apocalíptico empleado por
los autores judíos de Palestina de los dos siglos anteriores. (Tenemos un
ejemplo moderno de ese estilo en el Libro Mormón, escrito en una forzada
imitación de la versión King James de la Biblia.)
En contra de la autoría del apóstol Juan está la enorme diferencia de estilo,
vocabulario e ideas entre el cuarto evangelio y el Apocalipsis. No pueden ser
del mismo autor, y si el apóstol Juan escribió el cuarto evangelio, es imposible
que redactara el Apocalipsis. Además, si el autor del Apocalipsis se llama a sí
mismo Juan y por tanto no intenta ocultar su identidad, ¿por qué no dice
claramente que es Juan el apóstol, o Juan el discípulo amado? Al no hacerlo,
parece que se trata de otro Juan.
La versión King James muestra cautela a este respecto, porque no identifica al
apóstol Juan en el título del libro, que denomina: «La revelación de san Juan el
Divino». * La Revised Standard Versión es aún más prudente, pues lo llama «La
Revelación de Juan», mientras que la Biblia de Jerusalén dice simplemente «El
libro de la Revelación».
Patmos
El libro es sin duda obra de alguien que, si no originario de la costa
occidental de Asia Menor, es residente en esa zona.
Empieza en forma de carta dirigida a las iglesias de aquella región:
Apocalipsis 1.4. Juan, a las siete iglesias que hay en Asia...
Como en todo el Nuevo Testamento, Asia se refiere al tercio occidental de la
península de Asia Menor, a la «provincia de Asia» romana de la que Éfeso era
capital. Juan se sitúa concretamente cerca de esa provincia;
Apocalipsis 1.9. Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación...,
hallándome en la isla llamada Patmos...
Patmos es una isla del mar Egeo, con casi la mitad del tamaño de la isla de
Manhatan y a unos ciento doce kilómetros al suroeste de Éfeso. La tradición
afirma que Juan estaba allí exiliado, pues corría peligro de martirio si
permanecía en Éfeso. Parece haber un indicio de esto al decir Juan a los de Asia
que es «hermano y compañero en la tribulación».
El tema del Apocalipsis es semejante al de toda la literatura apocalíptica. Los
verdaderos creyentes están oprimidos y las fuerzas del mal parecen triunfantes.
Es necesario tranquilizar a los espíritus medrosos asegurándoles que Dios no
duerme, que todo obedece a un plan preestablecido, que la venganza no tardará
mucho y que el día del juicio, con la consiguiente instauración del reino ideal,
será resultado de ciertos acontecimientos que están a punto de iniciarse:
Apocalipsis 1.3. Bienaventurado el que lee... las palabras de esta profecía...,
pues el tiempo esta próximo.
Algunos sugieren que la persecución neroniana fue la concreta que llevó a
escribir el Apocalipsis. Pero no parece probable que el Apocalipsis sea una
respuesta a la persecución de Nerón, de corta duración y limitada a la ciudad de
Roma. Fue la de Domiciano, mucho más general, la que amenazó de manera uniforme
a los cristianos de Asia Menor.
Se supone, pues, que Juan salió de Éfeso y marchó a Patmos, ya fuese huyendo de
la persecución o llevado al cautiverio en los últimos años de Domiciano, y que
volvió a Éfeso tras la muerte de ese emperador, cuando el acceso al trono del
benigno Nerva puso fin al momento crítico anticristiano. Como Domiciano fue
asesinado en el 96, el Apocalipsis debió de escribirse en el 95.
Alfa y omega
En el preámbulo, Juan describe con entusiasmo la gloria de Dios:
Apocalipsis 1.7. Ved que viene en las nubes del cielo, y todo ojo le verá, y
cuantos le traspasaron; y se lamentarán todas las tribus de la tierra...
Apocalipsis 1.8. Yo soy el alfa y la omega,* dice el Señor Dios; el que es, el
que era el que viene ...
Desde el comienzo mismo del libro se percibe que el autor compone los símbolos
en el mismo lenguaje de los pasajes apocalípticos del Antiguo Testamento. Presta
especial atención a Daniel que, hasta el tiempo del Apocalipsis, fue la obra más
respetada y de más éxito de la literatura apocalíptica, pues era un libro
canónico.
Así, cuando Juan dice «Ved que viene en las nubes», se remonta a Daniel:
Daniel 7.13. ... vi venir sobre las nubes del cielo a un como hijo de hombre...
Luego, cuando dice que todo el mundo lo verá, incluso sus enemigos («y cuantos
le traspasaron») hay una vuelta forzada al lenguaje de Zacarías:
Zacarías 12.10. ... aquel a quien traspasaron le llorarán ...
Y al describir la eternidad de Dios, emplea el lenguaje del Segundo Isaías:
Isaías 44.6. Así habla Yahvé...: Yo soy el primero y el último...
Juan transforma la sentencia de Isaías en una referencia metafórica al alfabeto
griego. De las veinticuatro letras de dicho alfabeto, «alfa» es la primera y
«omega» la vigésimo cuarta y última. Por tanto, decir que Dios es «el alfa y la
omega» equivale a decir que es el primero y el último. Refiriéndonos al alfabeto
moderno, podríamos parafrasear a Juan diciendo que Dios es «todo, de la A a la
Z».
El día del Señor
La prolongada visión del Apocalipsis empieza en un momento determinado:
Apocalipsis 1.10. fui arrebatado en espíritu el día del Señor...
Hay varias interpretaciones posibles de lo que quiere decir «el día del Señor»,
pero suele convenirse en que se refiere al primer día de la semana, que nosotros
llamamos domingo. Es del Señor porque en ese día ocurrió la resurrección. Al
principio se celebraba sin prejuicios en el séptimo día de la semana, el sábado,
y si Juan alude verdaderamente al domingo cuando habla del día del Señor, se
trataría de la primera referencia inequívoca de la literatura cristiana al
domingo como día especial.
Hasta que el cristianismo no se convirtió en religión oficial del imperio romano
en las primeras décadas del siglo IV, el día del Señor no cobró el pleno
significado del sábado, olvidándose por completo la observancia del séptimo día,
que se dejó a los judíos.
Las siete iglesias
Juan enumera las siete iglesias a quienes dirige sus cartas apocalípticas; todas
están en la provincia de Asia:
Apocalipsis 1.10. ... oí tras de mí una voz fuerte...
Apocalipsis 1.11. Lo que vieres, escríbelo en un libro y envíalo a las siete
iglesias: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a
Laodicea.
De las siete ciudades, Éfeso es la más conocida. Es la capital de la provincia,
los Hechos la mencionan con frecuencia, es la ciudad en que tuvo lugar el motín
de los plateros y en la que Pablo residió bastante tiempo (v. cap. 9).
Tiatira, famosa por sus manufacturas de tintes, era la ciudad natal de Lidia, la
vendedora de tintes que Pablo conoció en Filipos (v. cap. 9). Laodicea está
cerca de Colosas, y a ella se alude en Colosenses (v. cap. 16).
Las cuatro ciudades restantes no se mencionan en lugar alguno de la Biblia,
aparte del Apocalipsis.
Esmirna está en la costa de Asia Menor, a unos sesenta y cuatro kilómetros al
norte de Éfeso. Era una ciudad antigua que los griegos tomaron y colonizaron en
fecha tan temprana como el 1000 aC, cuando David reinaba en Israel. Hacia el 650
aC era una capital próspera y culta. Pero los lidios, que habían instaurado un
poderoso reino en el interior, tomaron entonces la costa grecoparlante del Egeo.
Como Esmirna ofreció resistencia, Aliates, rey de Lidia, ordenó su destrucción.
Según una leyenda posterior, cuando Alejandro Magno pasó por la costa tres
siglos después, concibió el proyecto de reconstruirla. A su muerte, sus
generales Antígono y Lisímaco, que dominaron temporalmente el Asia Menor,
realizaron su sueño; hacia el 301 aC, Esmirna volvía a la vida. En época romana
había crecido casi hasta el punto de rivalizar con Éfeso en tamaño y riqueza.
En realidad, cuando todas las antiguas y famosas ciudades de la costa de Asia
Menor se sumieron en la decadencia y la ruina, sólo Esmirna continuó
floreciente. Incluso cuando los turcos se apoderaron de Asia Menor, Esmirna (a
la que los turcos dieron el nombre de Izmir) siguió siendo un centro griego
hasta la era moderna. Tras la I Guerra Mundial, Grecia, agrupada en el bando de
los vencedores, reclamó Esmirna y lanzó un ejército contra ella, derrotando a
Turquía en 1919. En la guerra consiguiente la vencedora fue Turquía, que arrojó
al mar al ejército griego. Izmir fue saqueada y prácticamente destruida; su
larga historia griega llegó a su fin. Pero los turcos volvieron a reconstruirla,
y ahora tiene cerca de cuatrocientos mil habitantes, siendo la tercera ciudad de
la nación.
Sardes está a setenta y dos kilómetros al oriente de Esmirna; era la capital del
reino lidio que, durante una parte del siglo VI aC, incluía la mitad occidental
de Asia Menor. En el 546 aC, Lidia concluyó definitivamente su existencia cuando
fue ocupada por Ciro, el conquistador persa. Sardes no volvió a ser capital de
un reino independiente, pero sobrevivió durante siglos como ciudad importante.
Una expedición ateniense la incendió en el 499 aC, y ése fue el motivo que
originó la gran guerra persa contra Grecia en las décadas siguientes. No declinó
hasta la llegada de los turcos; en 1402 la destruyó definitivamente Timut
(Tamerlán), el conquistador mongol.
Tras la destrucción del imperio persa por Alejandro Magno, en el occidente de
Asia Menor se creó una nación nueva, independiente y grecoparlante. Su aparición
como tal puede fecharse en el 283 aC, y su capital fue la ciudad de Pérgamo, a
unos noventa y seis kilómetros al norte de Esmirna y a unos veinticuatro de la
costa.
Al principio, sus dirigentes dominaban únicamente un pequeño distrito en torno a
la ciudad, pero bajo su esclarecido gobierno el territorio fue creciendo y, en
el 230 aC, se convirtió en el reino de Pérgamo (tomó el nombre de la capital)
con el rey Átalo I.
El gran enemigo de Pérgamo fue el imperio seléucida, que con Antíoco III, el rey
conquistador (v. cap. 3), se mostró particularmente amenazador. Por tanto,
Pérgamo se alió con Roma, y cuando ésta logró sus primeras victorias en Asia
Menor, fue recompensado con grandes zonas del territorio seléucida.
Con Eumenes II, que reinó del 197 al 160 aC —es decir, durante el período de la
revuelta macabea—, Pérgamo alcanzó la cima de su poder y de su prosperidad. Su
biblioteca sólo era inferior a la de Alejandría.
Pero el poder de Roma creció en Asia Menor, y en el 133 aC, Átalo III, rey de
Pérgamo, dictó en su lecho de muerte un testamento por el que cedía su reino a
Roma. Pensó que sólo así mantendría la integridad de su territorio ante una
lucha entre varios aspirantes al trono. Tenía razón, y Roma tomó el poder con
una resistencia mínima.
Pero la ciudad de Pérgamo ya no fue la capital de la región porque se convirtió
en la provincia romana de Asia, trasladándose el centro administrativo a las
ciudades griegas de Éfeso y Esmirna.
Pérgamo empezó a decaer en tiempo de Marco Antonio, una generación antes del
nacimiento de Jesús. Al tratar de resarcir a Cleopatra de Egipto por la
destrucción de parte de la Biblioteca de Alejandría durante la pequeña guerra
con Julio César unos doce años antes, Marco Antonio trasladó la biblioteca de
Pérgamo a Alejandría. Pérgamo aún existe en la actualidad con el nombre, aún
reconocible, de Bergamo en la moderna Turquía.
Filadelfia es la más pequeña de las siete ciudades y está situada a unos
cuarenta kilómetros al sureste de Sardis. Átalo II de Pérgamo la fundó en el 150
aC. Se le conocía como Átalo Filadelfo, y la ciudad se llamó así en su honor.
Hoy es una pequeña ciudad turca llamada Alesehir, que quiere decir «ciudad roja»
por el color del suelo.
Siete
Juan describe una compleja visión del Hijo del hombre para presentar las cartas
que dirige a cada una de las siete iglesias, utilizando términos que toma
prestados principalmente de Daniel.
Tan frecuent es el uso del número siete en el Apocalipsis, que suele pensarse
que las siete iglesias se eligieron no porque estaban en la provincia de Asia,
sino por la naturaleza mística del número.
La importancia del siete en la Biblia aparece por primera vez en los siete días
de la semana original (los seis días de la creación más el séptimo de descanso).
Pero ése no es el antecedente más remoto, pues es muy probable que el primer
capítulo del Génesis fuese una adaptación de las leyendas babilónicas de la
creación; la semana de siete días tendría un origen babilonio (tal vez sumerio,
en último lugar).
La semana surgió del azar astronómico de que en el cielo hay siete planetas
visibles que se desplazan de modo independiente contra el fondo de las
estrellas: el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Los
babilonios daban mucha importancia mística al número y a los movimientos de esos
cuerpos estelares y fundaron el estudio de la astrología, pseudociencia que aún
hoy conserva una importancia y una influencia sin merma en nuestra sociedad
supuestamente ilustrada.
Cada uno de los siete días de la semana está presidido por un planeta del que
recibe su nombre. En inglés hay restos de ello en el domingo (Sunday: día del
Sol), lunes (Monday, día de la Luna) y sábado (Satur-n-day, día de Saturno); los
demás días llevan nombres de deidades noruegas. En francés, por ejemplo, el
sistema planetario aparece con claridad: el martes es «mardi» (día de Marte); el
miércoles, «mercredi» (día de Mercurio); el jueves, «jeudi» (día de Júpiter); y
el viernes, «vendredi» (día de Venus).
La semana de siete días era tanto más útil cuanto que encajaba perfectamente en
el mes lunar, pues representaba una cuarta parte de ese período de tiempo. Por
consiguiente, el paso de una semana significaba un cambio en la fase de la luna;
de nueva a primer cuarto, de primer cuarto a llena, de llena a tercer cuarto y
del tercer cuarto otra vez a nueva. En efecto, el propio término «semana» viene
de una antigua palabra teutónica que significa «cambio».
Durante el período del Exilio, los judíos tomaron de los babilonios la semana, y
entonces fue cuando el sábado cobró su importancia postexiliar (v. cap. 5).
También fue entonces cuando el número siete adquirió importancia mística. Para
el propósito del autor del Apocalipsis era una coincidencia afortunada el hecho
de que la ciudad Roma, como era sabido en todas partes, se construyera sobre
siete colinas.
Nicolaítas
Los capítulos segundo y tercero de Apocalipsis son bastante prosaicos, pues en
ellos Juan transmite mensajes de cada uno de siete ángeles a las siete iglesias
en un lenguaje relativamente llano.
Se condenan los fracasos de las iglesias y se alaba su lealtad. Claro es que los
lectores originales a quienes se dirigían los mensajes entendían todas las
alusiones, pero los lectores modernos quedan frustrados por la falta de
información sobre el ambiente. Así, se vierten alabanzas sobre la iglesia de
Éfeso, pero hay algunas fallas misteriosas:
Apocalipsis 2.4. Pero tengo contra ti que dejaste tu primera caridad. *
Por lo visto, la iglesia efesia no mostraba su entusiasmo anterior en cierta
manera que no se especifica. Sin embargo, se la alaba por rechazar a una secta
que Juan considera con firme desaprobación:
Apocalipsis 2.6. ... aborreces las obras de los nicolaítas, como las aborrezco
yo.
No se sabe con precisión quiénes fueron los nicolaítas ni cuáles eran sus
doctrinas. Por el nombre, es de suponer que siguieran las enseñanzas de alguien
llamado Nicolás.
El Nuevo Testamento sólo menciona a un Nicolás: uno de los siete hombres
nombrados jefes de la facción helénica en los albores de la historia de la
Iglesia (v. cap. 9).
Hechos 6.5. ... y eligieron a Esteban..., y a Felipe... y Nicolás, prosélito
antioqueño.
En siglos pasados se supuso que los nicolaítas abogaban por unas relaciones
sexuales sin trabas; es decir, por el «amor libre».
Surgió la leyenda de que Nicolás, el prosélito de Antioquía, tomando. muy al pie
de la letra las doctrinas comunitarias de los apóstoles al principio mismo de su
predicación (v. cap. 9), se ofreció a compartir su mujer con los demás. Tal vez
obedeciera esta idea al hecho de que Antioquía, al igual que otras grandes
ciudades gentiles, tenía fama de ser sumamente licenciosa entre los cristianos y
judíos puritanos de la época romana.
En la carta a la iglesia de Pérgamo encontramos un indicio en ese sentido. Se
advierte:
Apocalipsis 2.14. ... toleras ahí a quienes siguen tu doctrina de Balam, el que
enseñaba a Balac a poner tropiezos delante de los hijos de Israel...
Apocalipsis 2.15. ... también... a quienes siguen de igual modo la doctrina de
los nicolaítas. *
Parece que se mencionan como dos herejías distintas la de Balam y la de los
nicolaítas, pero tal vez se deba al paralelismo de la poesía hebrea, donde se
alude a lo mismo de dos maneras diferentes. Si es así, ¿cuál era la doctrina de
Balam?
En el libro de los Números hay un pasaje inmediatamente posterior al de los
oráculos de Balam (v. cap. I, 4), cuya intención era hostil a Israel pero que
resultó a favor de éste por voluntad de Dios y en contra del propósito de Balam:
Números 25.1. Estaba Israel estacionado en Selim, y el pueblo se prostituyó por
el trato con las hijas de Moab.
Se supone que Balam aconsejó a Balac, rey de Moab, que tentaran a los israelitas
de esa manera, pues tal seducción atraería la ira de Dios sobre los pecadores
para gran beneficio de Moab.
Así, cuando los israelitas tomaron más tarde a mujeres vivas como botín de
guerra, se citan las coléricas palabras de Moisés en que recomienda su muerte:
Números 31.16. Fueron ellas las que por consejo de Balam arrastraron a los hijos
de Israel a ser infieles a Yahvé... **
En consecuencia, el nombre de Balam estaba vinculado a la licencia sexual, lo
que lo asociaría con el nicolaitismo como doctrina de relajación de las severas
restricciones sexuales exigidas por la Ley y, además, por la doctrina de Pablo.
Otro indicio de esto se halla en el mensaje a la iglesia de Tiatira:
Apocalipsis 2.20. Pero tengo contra ti que permites a Jezabel, ésa que a sí
misma se dice profetisa, enseñar y extraviar a mis siervos hasta hacerlos
fornicar...
El libro de la vida
La iglesia de Sardes recibe la alabanza negativa de que entre ellos hay unos
pocos justos y, para el que lo merezca, el mensaje es:
Apocalipsis 3.5. ... jamás borraré su nombre del libro de la vida...
Originalmente, el libro de la vida no era más que una expresión metafórica que
significaba la lista de personas vivas. Es como si en el cielo se mantuviese un
enorme censo de todos los vivos de cualquier época. A su muerte, las personas
eran borradas del libro. Así, Moisés aboga por los israelitas a Dios tras el
incidente del becerro de oro (v. cap. I, 2), diciendo que preferiría la muerte a
que no se perdonase a los israelitas:
Éxodo 32.32. Pero perdónales su pecado, o bórrame de tu libro, del que tú tienes
escrito,
Sin embargo, en tiempos posteriores, cuando se creó la doctrina de la
resurrección de los muertos en una vida futura, el libro de la vida se convirtió
no en la-lista de los que vivían en el mundo, sino en la de aquellos a quienes
se recompensaría con una nueva vida en el cielo. Dice el libro de Daniel al
hablar de la resurrección:
Daniel 12.1. ... será un tiempo de angustia... Entonces se salvarán los que de
tu pueblo estén escritos en el libro.
Y en el libro de los Salmos se ruega a Dios que descargue el castigo sobre los
malvados:
Salmo 69.29. * Que sean borrados del libro de la vida y no sean inscritos con
los justos
Filadelfia
Se alaba a Filadelfia:
Apocalipsis 3,8. ... teniendo poco poder, guardaste, sin embargo, mi palabra y
no negaste mi nombre.
Más de mil años sobreviviría Filadelfia a esta alabanza. Durante un período de
tres siglos, a partir de 1071, los turcos dominaron lenta pero inexorablemente
toda Asia Menor, erradicando el cristianismo y convirtiéndola en musulmana,
situación que aún persiste en nuestros días. La última ciudad que tomaron los
turcos, el ultimo bastión que resistió, la que más tardó en negar su nombre, fue
Filadelfia. Tras un asedio de ocho años, al fin cayó en 1390.
En 1682, William Penn estableció una nueva colonia en el Nuevo Mundo, a la
orilla del río Delaware, fundando una ciudad. Escogió el nombre de Filadelfia
por dos razones. En primer lugar quiere decir «amor de hermana» (o de hermano),
de modo que una ciudad de ese nombre podría llamarse «ciudad del amor fraterno».
En segundo lugar, Penn recordó el encomio a Filadelfia del Apocalipsis. Penn
fundó Filadelfia y ahora es la cuarta ciudad más grande de los Estados Unidos,
mayor de lo que fuese cualquiera de las Filadelfia antiguas.
Laodicea
A Laodicea se la condena severamente:
Apocalipsis 3.15. Conozco tus palabras y que no eres ni frío ni caliente.
Apocalipsis 5.16. ¡Ojalá fueras frío o caliente!, * mas porque eres tibio y no
eres caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca.
Por eso, laodicean es una palabra que ha surgido en lengua inglesa para
significar «tibio» o «indiferente».
El Cordero
La escena cambia ahora al cielo; todo el resto del libro del Apocalipsis llega a
una densidad mística. Juan empieza describiendo a Dios en medio de la corte
celestial con imágenes extraídas de Daniel y de Ezequiel, con los serafines de
Isaías (v. cap. I, 23) en lugar destacado. En medio de toda esta perfección
aparece un libro cerrado con siete sellos. Por lo visto contiene los secretos
del futuro, que no pueden revelarse hasta que los sellos vayan rompiéndose.
Entra en escena el héroe que revelará el contenido del libro:
Apocalipsis 5.6. Vi... en medio de los ancianos, un cordero, que estaba en pie
como degollado...
Apocalipsis 5.7. Vino y tomó el libro de la diestra del que estaba sentado en el
trono.
La imagen del Mesías como un cordero convertido en una especie de grandioso
sacrificio pascual aparece en el cuarto evangelio (v. cap. 8). Se declara
explícitamente en la Primera Epístola de Pedro:
1 Pedro 1.18. ... habéis sido rescatados...
1 Pedro 1.19. ... con la preciosa sangre de Cristo, como cordero sin defecto ni
mancha,
A fines del siglo I la metáfora era tan famosa, que el autor del Apocalipsis no
tuvo que explicar la identidad del Cordero.
Los cuatro jinetes
Uno por uno se fueron abriendo los sellos, y con cada uno de los cuatro primeros
apareció un jinete:
Apocalipsis 6.1. Así que el Cordero abrió el primero de los siete sellos...
Apocalipsis 6.2. ... Miré y vi un caballo blanco, y el que montaba tenía un
arco, y le fue dada una corona, y salió... para vencer aún...
Apocalipsis 6.3. Cuando abrió el segundo sello...
Apocalipsis 6.4. Salió otro caballo, bermejo, y al que cabalgaba sobre él le fue
concedido desterrar la paz de la tierra...
Apocalipsis 6.5. Cuando abrió el sello tercero... vi un caballo negro, y el que
lo montaba tenía una balanza en la mano.
Apocalipsis 6.6. Y oí como una voz... que decía: Dos libras de trigo por un
denario...
Apocalipsis 6.7. Cuando abrió el sello cuarto...
Apocalipsis 6.8. ... vi un caballo bayo, y el que cabalgaba sobre él tenía por
nombre Mortandad...
Son «los cuatro jinetes del Apocalipsis», que representan los diversos males que
caerán sobre el mundo (en especial sobre el imperio romano, al que sus subditos
consideraban sinónimo de« mundo»), señalando el comienzo de su disolución y la
llegada de la era mesiánica.
El caballo blanco y su jinete parecen representar una invasión extranjera.
Cuando menos, el arco es prácticamente el símbolo de los invasores partos, que
desde el tiempo de Julio César habían sido el azote del Oriente. En los días de
Herodes el Grande habían ocupado Jerusalén, y no mucho después sus hordas se
habían adentrado mucho en el este.
El caballo bermejo y su jinete también parecen significar cierta forma de
guerra. Pueden ser los sangrientos desórdenes de una guerra civil o de una
insurrección.
El caballo negro y su jinete representan el hambre, pues el precio ofrecido por
dos libras de trigo es mucho más elevado que el ordinario; tanto, que el pueblo
llano no podía comprar lo suficiente para vivir.
El bayo y su jinete se llaman «Mortandad», pero no de la que sigue al hambre o a
la guerra. «Mortandad» representa más bien muerte por enfermedad, como cuando
nos referimos a la «peste negra», por ejemplo.
En resumen, los cuatro jinetes pueden definirse como Guerra, Revolución, Hambre
y Peste.
Hay muchos que buscan el significado simbólico del Apocalipsis en
acontecimientos sucedidos en siglos posteriores a la redacción del libro. Para
ellos, nunca cabalgaron los cuatro jinetes con tantas consecuencias como en los
días de la Primera Guerra Mundial. No sólo fue la más sangrienta, estúpida y
feroz matanza conocida hasta entonces, tanto en el frente occidental como en el
oriental, sino que hubo una revolución en Rusia que aún nos afecta en la
actualidad, además de hambre en Alemania y Rusia durante los años inmediatamente
posteriores a la guerra, y de una gripe pandémica en 1918 de alcance universal
que causó mayor exterminio que la guerra.
La guerra, la revolución, el hambre y la peste jamás se enseñorearon del mundo
como en los años de 1914 a 1920.
Ciento cuarenta y cuatro mil
Cuando se abre el quinto sello, se revelan las almas de los mártires que esperan
el juicio, y al llegar el turno del sexto el universo físico empieza a
desmoronarse. Parece llegado el punto culminante. Al abrirse el séptimo sello,
vendría el gran día del juicio. Pero en todo el libro del Apocalipsis se
manifiesta, por lo visto, una fuerte desgana a que se produzca el desenlace. Se
retrasa una y otra vez.
El primer aplazamiento se produce después de abrir el sello sexto; antes de que
se toque el séptimo, hay una pausa
Apocalipsis 7.1. ... vi cuatro ángeles...
Apocalipsis 7.3. No hagáis daño a la tierra... hasta que hayamos sellado a los
siervos de nuestro Dios en sus frentes.
Desde la más remota antigüedad era costumbre en Babilonia utilizar sellos con
fines de identificación. Eran pequeños camafeos cilindricos que se pasaban sobre
la suave arcilla que los babilonios empleaban como superficie escriptoria.
Surgía una imagen característica que hacía las veces de firma en documentos
modernos.
De modo semejante se marcaba al esclavo (igual que a nuestro ganado en el Oeste)
para mostrar de manera indeleble quién era el amo. Una marca característica
hacía las veces de sello. Lo que se dice en el versículo, pues, es que a los
justos se les impone cierta marca (no se especifican detalles) con un símbolo
(que tampoco se describe) que los identifica como siervos de Dios que se
mantendrán sanos y salvos durante los desastres finales.
Se especifica el número de los que se salvarán:
Apocalipsis 7.4. Oí que el número de los sellados era de ciento cuarenta y
cuatro mil de todas las tribus de los hijos de Israel.
Debido a lo reducido de la cifra comparada con la población total de la tierra,
ha surgido la idea de que se salvarán muy pocos. Por otro lado, la cantidad no
debe tomarse al pie de la letra.
En sentido figurado, las doce tribus de Israel representan a todos los justos.
El número de 144.000 es doce veces doce veces mil, y hay que considerar el
significado místico de tales números.
Así como el siete extrae su inicial sentido místico del número de planetas que
se ven en el firmamento, de igual modo toma el doce su significación sagrada del
hecho de que hay doce meses en el año. De ahí se derivan los doce signos del
zodíaco y la idea de que con doce se llega a un círculo completo. El número 144,
que es doce veces doce, representa una consumación acentuada. Simboliza a todos
los justos (12) de todas las tribus (12), y ninguno queda fuera.
En cuanto al mil, era el número más alto que poseía nombre específico en la
antigüedad. Los griegos utilizaban la palabra «mirioi» para significar diez mil,
pero no se trata realmente de un número. Originalmente significa «innumerable»,
que es el sentido que nosotros damos a la expresión de «una miríada de objetos».
Multiplicar algo por mil era aumentarlo hasta donde convenientemente se podía en
el lenguaje de la época. De ello se desprende que el número 144.000 no significa
de manera específica esa cantidad, sino que es un modo enfático de decir:
«¡Todos los justos! ¡Gran cantidad de ellos!»
(Debería notarse que la palabra «mil» siguió siendo la representación numérica
más alta hasta bien avanzada la Edad Media. Sólo entonces en Italia se
inventaron números como «millón».)
El Apocalipsis continúa dilatando la integridad mística del número mediante la
afirmación de que hay doce mil en cada una de las doce tribus, que se enumeran
en el orden siguiente: Judá, Rubén, Gad, Aser, Neftalí, Manasés, Simeón, Leví,
Isacar, ZabuIon, José y Benjamín.
Es una lista extraña. Al parecer, los doce hijos de Jacob deberían haberse
incluido, pero aparece Manasés, hijo de José y nieto de Jacob. Para dejar sitio
a Manasés, debía omitirse a uno de los hijos de Jacob, y el ausente es Dan.
Es muy probable que se trate de un error por parte de Juan o de algún copista
posterior. Quizá se escribiera Man por Dan y otro copista posterior supusiera
que Man era abreviatura de Manasés.
Sin embargo, a algunos les resulta difícil aceptar algo tan prosaico como un
error por parte de un copista bíblico, de modo que buscan significados en las
cosas más triviales. Han sugerido, por ejemplo, que Dan se omitió a propósito
porque el Anticristo surgiría de esa tribu.
Esta idea sólo pudo surgir del pasaje del Testamento de Jacob (v. cap. I, 1),
que dice:
Génesis 49.17. Es Dan como serpiente en el camino,
Resulta forzado vincular esta descripción metafórica de Dan como serpiente (que
tal vez se refiera a la serpiente como símbolo totémico de la tribu en tiempos
primitivos, igual que el león de Judá y el lobo de Benjamín) con la
identificación postexiliar de la serpiente en el jardín de Edén con Satanás y,
de ahí, con el Anticristo; pero todo esto es un salto fácil para los místicos.
Los justos están ahora ante el Cordero, y todos sus sufrimientos quedan borrados
con una frase famosa:
Apocalipsis 7.14. ... Éstos son los que vienen de la gran tribulación, y lavaron
sus túnicas y las blanquearon en la sangre del Cordero.
Éufrates
Y por fin se abre el séptimo sello. Cabría esperar que se aproxima el desenlace
de la visión, pero sigue retrasándose. En cambio, se inicia una nueva serie de
siete acontecimientos con siete ángeles, cada uno de los cuales toca una
trompeta de manera sucesiva mientras horribles catástrofes suceden a cada
clarinada. Cuando llega el turno al quinto ángel, el infierno mismo se abre:
Apocalipsis 9.2. ... y subió del pozo humo...
Apocalipsis 9.3. Del humo salieron langostas sobre la tierra...
Apocalipsis 9.7. Las langostas eran semejantes a caballos preparados para la
guerra... y sus rostros eran como rostros de hombre;
La descripción de Juan se inspira claramente en el gran azote del Oriente: la
caballería parta, que arremete como una nube de langostas, lanzando sus
fatídicos ataques y desapareciendo antes de que se pudiera ofrecer resistencia.
El general romano Craso fue derrotado de esa manera en el 53 aC, al este de
Siria. La derrota no quedó vengada de manera conveniente y jamás se olvidó.
Las armas características de los jinetes partos eran sus arcos, que utilizaban
con gran eficacia. Incluso en la retirada se alzaban sobre la silla y disparaban
al unísono una rápida andanada de flechas a sus perseguidores. El «disparo
parto» era a menudo muy eficaz. Tal vez sea a esa táctica a lo que se refiere el
Apocalipsis cuando describe así a las langostas:
Apocalipsis 9.10. Tenían colas semejantes a los escorpiones, y aguijones...
Cuando el sexto ángel toca su trompeta, prosigue la imagen de la caballería
parta. El sexto ángel recibe instrucciones:
Apocalipsis 9.14. ... Suelta los cuatro angeles que están ligados sobre el gran
río Éufrates.
El Éufrates servía de frontera en doble sentido. En primer lugar, constituía los
límites de Israel en la época gloriosa de David y Salomón; y desde entonces ha
constituido la frontera ideal de Israel. En segundo lugar, fue frontera durante
casi toda la era imperial. Los «ángeles» ligados sobre el Éufrates contenían a
las huestes enemigas en la otra orilla.
Los ángeles del Éufrates tienen un ejército increíblemente numeroso: esa
impresión recibe la infantería al soportar la repentina carga de un contingente
de jinetes:
Apocalipsis 9.16. El número de los del ejército de caballería era de dos
miríadas de miríadas...
Es el número que se obtiene aplicando el «mirioi» griego como sinónimo de lo
innumerable, subrayado por la repetición («una innumerable cantidad
innumerable»), y por añadidura multiplicado por dos. Si entendemos «mirioi» como
diez mil, resulta doscientos mil por mil, o doscientos millones, cantidad igual
a toda la población de los Estados Unidos.
La gran ciudad
Entonces, antes de que suene la séptima y última trompeta, se produce otra
digresión con que se describe el triunfo momentáneo del mal.
Esa victoria temporal representa la persecución de Domiciano, entonces en curso.
El lenguaje empleado para narrar la persecución se remonta al Antiguo
Testamento, como todo en el Apocalipsis. Por consiguiente, la opresión de la
Iglesia por Roma se vierte en términos que Daniel utiliza para describir la
opresión del Templo por los seléucidas:
Apocalipsis 11.2. El atrio exterior del templo... ha sido entregado a las
naciones * que hollaran la ciudad santa durante cuarenta y dos meses.
Es el período de tres años y medio durante los cuales fue profanado el Templo en
la época de Antíoco IV. La utilización del simbolismo templario se ha presentado
como prueba de que el Templo aún estaba en pie en los días que se escribió el
Apocalipsis, y de que que el libro se redactó consiguientemente durante la
persecución de Nerón. Sin embargo, el Apocalipsis utiliza el simbolismo
veterotestamentario de manera tan uniforme, que semejante inferencia no entraña
convicción alguna. Juan hablaría del Templo como símbolo de la Iglesia tanto si
el templo estaba en pie como si no, y sus lectores entenderían la alegoría.
Se describe a dos profetas:
Apocalipsis 11.3. Mandaré a mis dos testigos...
Apocalipsis 11.7. Cuando hubieren acabado su testimonio, la bestia, que sube del
abismo... les quitará la vida.
Apocalipsis 11.8. Su cuerpo yacerá en la plaza de la gran ciudad...
Esto continúa la alegoría, indicando que la Iglesia será perseguida por las
fuerzas de Satanás y quedará momentáneamente derrotada. Sin embargo, la forma
particular de la alegoría quizá recibiese la influencia de acontecimientos
concretos. Algunos han sugerido que los dos testigos pueden ser Pablo y Pedro,
apóstoles que según la tradición fueron martirizados por Nerón, a quien muy bien
podría describirse como «la bestia que sube del abismo». En ese caso, la «gran
ciudad» sería Roma.
Un copista posterior quizá creyese que la gran ciudad era Jerusalén, añadiendo
esta frase:
Apocalipsis 11.8. ... la gran ciudad..., donde su Señor * fue crucificado.
El dragón
Ya suena la séptima trompeta, pero todavía no se llega al desenlace. En cambio,
se presenta una nueva alegoría que representa el combate del bien y del mal
desde el punto de vista de los mitos babilónicos:
Apocalipsis 12.1. Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en
el sol con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce
estrellas,
En la mitología babilónica se trataría de una diosa del sol, y las doce
estrellas representarían los signos del zodíaco que el astro atraviesa cada año.
Para Juan, sería el símbolo del Israel idealizado, con las doce estrellas
representando las doce tribus. La mujer estaba de parto y dio a luz al Mesías:
Apocalipsis 12.5. Parió un varón, que ha de apacentar a todas las naciones con
vara de hierro...
Pero en los cielos también había un adversario, que asimismo se presenta bajo
aspecto babilónico:
Apocalipsis 12.3. Apareció en el cielo otra señal, y vi un gran dragón de color
de fuego * que tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre la cabeza siete
coronas.
El dragón simboliza el caos. Es el Tiamat babilonio o el Leviatán hebreo, a los
que había que destruir en el principio para que pudiera crearse el orden
universal, y a quienes también habría que derrotar a lo último con objeto de que
el universo creado tuviera un fin apropiado. Cabría esperar que el número
místico de siete cabezas y siete coronas se extendiera a siete cuernos. La cifra
de diez cuernos, bastante inadecuada, se remonta a la cuarta bestia de Daniel,
cuyas astas representan a los diez reyes seléucidas hasta Antíoco (v. cap. I,
27).
El dragón también simboliza a Satanás o Anticristo. Está dispuesto a devorar al
Mesías en el momento mismo de su nacimiento, pero éste tiene de su lado a todas
las huestes celestiales:
Apocalipsis 12.7. Hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban
con el dragón,
Apocalipsis 12.8. y peleó el dragón y sus ángeles, * y no pudieron triunfar...
Apocalipsis 12.9. Fue arrojado el dragón grande, la antigua serpiente, llamada
Diablo y Satanás... y sus ángeles fueron con él precipitados.
Esto refleja las leyendas surgidas en época postexiliar bajo la influencia
persa. Dios y Satanás dirigen ejércitos rivales en la lucha del bien y del mal.
Pero sólo en el Apocalipsis recibe la aquiescencia canónica ese dualismo persa.
Milton, en su épico Paraíso perdido, comienza su descripción del pecado del
hombre en el preciso momento en que Satanás y sus ángeles (ahora convertidos en
demonios) son arrojados al infierno y poco a poco van recobrando el sentido tras
el impacto de la caída.
Satanás, arrojado a la tierra e incapaz de prevalecer contra Dios, podía sin
embargo descargar su bilis contra los justos del mundo:
Apocalipsis 12.17. Se enfureció el dragón contra la mujer y se fue a hacer la
guerra contra el resto de su descendencia, contra los que guardan los preceptos
de Dios y tienen el testimonio de Jesús.
Por supuesto, eso es lo que, a ojos del autor del Apocalipsis, explica todas las
tribulaciones de la Iglesia.
La bestia
A medida que se acerca el fin del mundo, se incrementa la maldad de Satanás que,
simbolizado en el dragón, transmite sus poderes a una entidad terrena
manifestada en la forma de la bestia de Daniel: la famosa representación
alegórica de los imperios paganos que oprimen a los justos (v. cap. I, 27).
Apocalipsis 13.1. Vi cómo salía del mar una bestia, que tenía diez cuernos y
siete cabezas... y sobre las cabezas nombres de blasfemia.
Apocalipsis 13.2. ...Diole el dragón su poder...
Apocalipsis 13.3. Vi a la primera de las cabezas como herida de muerte, pero su
llaga mortal fue curada...
La bestia (con las siete cabezas y diez cuernos habituales) es, por supuesto, el
imperio romano, que inicialmente inquietó la conciencia judía desde el otro lado
del mar Mediterráneo.
El anuncio de que sobre sus cabezas había «nombres de blasfemia» se refiere a la
exigencia de que los emperadores debían adorarse como dioses. El culto al
emperador era un ritual oficial del Estado, designado como una formalidad para
unir a todos los ciudadanos del imperio, de otro modo tan diferentes en lengua,
costumbres y religión. Era un gesto de unificación equivalente a nuestro saludo
a la bandera y al juramento de fidelidad.
Lo que hizo sospechosos a los cristianos fue su negativa a aceptar el
superficial rito del culto al emperador; no por cuestión religiosa, sino por el
recelo de que traicionasen al Estado. Eso no debería sorprendernos, pues en la
actualidad hay sectas cristianas que rechazan el saludo a la bandera y el
juramento de fidelidad alegando que son actos idólatras, y también existen
ultrapatriotas que se sienten ofendidos por ello y toman fuertes medidas contra
tales sectas cuando están en posición de hacerlo.
La llaga curada que mató a una de las cabezas puede referirse a Nerón. En
realidad, de los doce emperadores romanos (contando a Julio César) que reinaron
hasta la época en que se escribió el Apocalipsis, no menos de seis murieron
asesinados o se suicidaron: Julio César, Calígula, Nerón, Galba, Otón y Vitelio.
Claudio tal vez fuera envenedado y Domiciano fue asesinado. (Sólo Augusto,
Tiberio, Vespasiano y Tito murieron de causas naturales.)
Sin embargo, la muerte de Nerón sería la más importante para los cristianos, al
menos hasta la llegada de Domiciano. Su suicidio se señalaría alegóricamente en
la bestia. El hecho de que el imperio romano sobreviviera y de que reinaran
nuevos emperadores se explicaría por la curación de la llaga.
La bestia que representa al imperio romano es adorada por todos los hombres
menos por los justos. Los que la veneraban podían vivir en paz y seguridad; los
que se negaban a rendirle culto (los cristianos) eran perseguidos. Así como Dios
sellaba a los justos que le pertenecían, de igual modo marcaba la bestia (el
imperio romano) a los que rendían culto al emperador y que, por tanto, le
pertenecían:
Apocalipsis 13.15. ... hiciese morir a cuantos no se postrasen ante la imagen de
la bestia,
Apocalipsis 13.16. e hizo (la bestia) que a todos... se les imprimiese una marca
en la mano derecha y en la frente,
Apocalipsis 13.17. y que nadie pudiese comprar o vender, sino el que tuviese la
marca...
El número de la bestia
Incluso el imperio romano es una especie de abstracción, y el autor del
Apocalipsis se centra en un hombre concreto a quien se muestra reacio a nombrar,
quizá porque si lo hiciera sería reo de traición y de la pena de muerte.
Identifica a ese hombre con cautela, de tal modo que sus lectores más enterados
sabrán exactamente a quién se refiere, pero la ley no podrá acusarle de nada:
Apocalipsis 13.18. Aquí esta la sabiduría. El que tenga inteligencia calcule el
número de hombre. Su número es seiscientos sesenta y seis.
Para entender esto, debemos considerar que hasta la Edad Media era corriente
emplear letras del alfabeto para significar números. Lo hacían los judíos, los
griegos y los romanos. A nosotros nos resultan más familiares los números
romanos, donde 1=1, V = 5, X = 10, L = 50, C = 100, D = 500 y M = 1.000. De ello
se desprende que las palabras compuestas por tales letras también podrían tener
una especie de valor numérico. Si un individuo se llamara Dill McDix, por
ejemplo, se le podría asignar a cada letra su valor numérico, sumarlas y
alcanzar un total de 2.212.
En inglés es difícil hacerlo, porque sólo unas letras del alfabeto latino tenían
valor numérico. Pero en griego y en hebreo cada letra tenía su número. Entonces
todas las palabras griegas o hebreas tendrían un significado numérico.
En épocas griega y romana, los místicos judíos supusieron que las inspiradas
palabras de la Biblia tenían un significado numérico aparte del literal y
pasaron mucho tiempo analizando tales números. Esta actitud se denominó
«gematría», corrupción de la palabra griega «geometría».
El «número de la bestia» es una muestra de tal gematría, único ejemplo
importante de la Biblia. Algunos comentaristas han considerado prácticamente a
todos los candidatos posibles a la bestia, y el que mencionan con mayor
frecuencia es Nerón. Si se toma su nombre en la forma griega —Nerón— junto con
el título de César, y si Nerón César se escribe en letras hebreas, entonces el
valor numérico total es efectivamente 666. Si se elimina la «n» final, el total
asciende a 616, y algunos manuscritos antiguos del Apocalipsis dan 616 como el
número de la bestia, en lugar de 666.
No obstante, si el libro se redactó en el 95 Nerón es un candidato inadecuado.
Hacía un cuarto de siglo de su muerte, que no produjo grandes cambios.
Vespasiano llegó al trono al año siguiente, y él y su hijo Tito dieron a Roma
doce años de gobierno justo y humano.
Sin embargo, en las fechas en que se escribió el Apocalipsis estaba en el trono
Domiciano, hijo menor de Vespasiano, y su persecución de cristianos estaba en su
punto álgido. Sería natural referirse de manera elíptica al emperador vivo y
perseguidor, y probablemente exista algún medio en que pudiera inscribirse el
nombre y el título de Domiciano para llegar a la suma de 666
. Es Posible que
tuviese un apodo, comúnmente usado por cristianos, con un valor numérico total
de 666, cifra que tiene su propia significación mística, pues por tres veces no
alcanza la perfección mística del 7. Por esa razón, el 666 era el colmo de la
imperfección, número conveniente para representar al Anticristo.
Harmagedón
Contra la gran ciudad regida por la bestia y su ejército están las huestes
celestiales y los 144.000 justos que llevan el sello de Dios. La victoria del
bien está asegurada, pues en el cielo el cántico triunfal es:
Apocalipsis 14.8. ... Cayó, cayó Babilonia la grande...
Babilonia es Roma, claro está: y Roma será destruida. Tal destrucción la anuncia
una tercera serie de siete actos de muerte. Siete frascos de plagas se vacían
sobre la tierra, uno cada vez, llevando todos su destrucción particular y
horrenda.
Cuando las huestes de la bestia son castigadas sin piedad de esa manera, se
dispone la escena para la batalla definitiva entre el bien y el mal:
Apocalipsis 16.16. Y los juntó (la bestia) en el sitio que en hebreo se llama
Harmagedón.
Harmagedón es, con más propiedad, «Har-Magedón» o «la montaña de Megiddo».
Megiddo, ciudad justo al sur del río Cisón y a 88 kilómetros al norte de
Jerusalén, fue escenario de dos batallas importantes. La primera tuvo lugar en
el siglo XV aC, cuando Tutmosis III, el gran faraón egipcio, derrotó allí a una
liga de ciudades cananeas. Pero eso ocurrió siglos antes de que los israelitas
entraran en Canán, y quedaba fuera de su horizonte histórico.
Casi nueve siglos después de la victoria de Tutmosis, se libró en Megiddo una
batalla que quedó muy prendida en la conciencia judía. Fue entre el rey Josías
de Judá, y el Faraón Necao, de Egipto, en el 608 aC.
2 Reyes 23.29. ... el faraón Necao, rey de Egipto, subió contra el rey de
Asiria... y el rey Josías le salió al encuentro, y el faraón, al verlo, le dio
muerte (a Josías) en Megiddo.
La muerte del gran rey reformador convirtió a Megiddo en un símbolo especial de
calamidades y desgracia. La entera destrucción de las huestes del mal
equilibrarían la anterior destrucción del bien en la persona de Josías.
Babilonia
De nuevo queda interrumpido el desenlace, pues sobreviene otra visión. Dice uno
de los ángeles:
Apocalipsis 17.1.... Ven, te mostraré... la gran ramera que esta sentada sobre
las grandes aguas,
Apocalipsis 17.3. Llevóme... al desierto, y vi una mujer sentada sobre una
bestia bermeja, llena de nombres de blasfemia, la cual tenía siete cabezas y
diez cuernos.
Apocalipsis 17.4. La mujer estaba vestida de púrpura y grana, y adornada de oro
y piedras preciosas y perlas...
Apocalipsis 17.5. Sobre su frente llevaba escrito un nombre: ... Babilonia la
grande...
Una vez más. Babilonia representa a Roma con todo su lujo y poder. Las «grandes
aguas» sobre las que se sienta la mujer están tomadas de la descripción
veterotestamentaria de la Babilonia auténtica, que era una ciudad llena de
canales. Así, dice Jeremías:
Jeremías 51.12. ... Yahvé... ha dicho contra los habitantes de Babel.
Jeremías 51.13. Tú que moras junto a aguas abundantes...
Incapaz de resistirse a citar el Antiguo Testamento, el autor del Apocalipsis
debe dar a esto nueva interpretación, haciéndolo de manera bastante ineficaz:
Apocalipsis 17.15. Me dijo (el ángel): Las aguas que ves, sobre las cuales está
sentada la ramera, son los pueblos, las muchedumbres, las naciones y las
lenguas.
Las siete cabezas de la bestia se explican finalmente de tal modo, que resulta
inconfundible la verdadera identidad de «Babilonia»:
Apocalipsis 17.9. ...Las siete cabezas son siete montañas, sobre las cuales está
sentada la mujer.
Y prosigue la interpretación:
Apocalipsis 17.10. y son siete reyes, de los cuales cinco cayeron, el uno existe
y el otro no ha llegado todavía, pero cuando venga permanecerá poco tiempo.
Apocalipsis 17.11. La bestia que era y ya no es, es también un octavo...
No hay medio de interpretar claramente este pasaje a la luz del reinado de
Domiciano, pero puede entenderse si se aplica al reinado de Nerón o muy poco
tiempo después. Es posible que el autor del Apocalipsis utilice aquí un pasaje
de otro apocalipsis anterior compuesto en tiempo de Nerón, haciéndolo sin
modificar las cifras.
Si nos remontamos a la época de Nerón, hallaremos que es el sexto emperador
(contando primero a Julio César). En ese caso, cinco emperadores «han caído» y
«uno existe» (Nerón). El séptimo que «permanecerá poco tiempo» sería Galba, que
reinó brevemente a la muerte de Nerón, siendo asesinado por la guardia
pretoriana y cuya muerte inició un corto período de anarquía antes de que
Vespasiano accediera al poder.
Durante este período el pueblo llano del imperio suponía que Nerón no estaba
muerto, sino que había huido para ponerse a salvo y volvería. Aquel año hubo
varios «falsos nerones» que trataron de beneficiarse de tal creencia.
Puede ser Nerón, pues, el que en opinión del apocalipsis anterior fuese la
bestia «que era y ya no es». Cuando volviese, sería el octavo emperador.
Pero Babilonia/Roma ha de caer. La batalla definitiva entre el bien y el mal
tiene lugar (posiblemente en Harmagedón):
Apocalipsis 19.20. y fue aprisionada la bestia... y... los que adoraban su
imagen; vivos fueron arrojados ambos al lago de fuego...
Apocalipsis 19.21. Los demás fueron muertos por la espada...
Gog y Magog
Ahora, tras la larga serie de portentos, visiones, desastres y símbolos, ha
llegado el fin de la historia y se inicia la era mesiánica. Pero ni eso es
realmente definitivo.
Apocalipsis 20.1. Vi un ángel que descendía del cielo...
Apocalipsis 20.2. Tomó al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo,
Satanás, y le encadenó por mil años
Apocalipsis 20.3. ... después de los cuales será soltado por poco tiempo.
¿Por qué había de seguir a este «milenio» (v. cap. 31) otro cataclismo y otra
batalla nada decisiva entre el bien y el mal?
Es posible que haya una simetría mística. La tierra fue creada en seis días, a
los que siguió un séptimo de descanso, según el capítulo primero del Génesis.
Pero para Dios, un día es como mil años (v. cap. 26). Entonces, la duración de
la tierra quizá sea paralela a la semana de la creación, representando cada día
mil años.
Primero la tierra debe soportar seis milenios de trabajos, luchas, mal y pecado,
uno por cada uno de los seis días de la creación. Después, durante el séptimo
día de descanso, la tierra pasará un milenio bajo el Mesías. Sólo entonces,
cuando el milenio sabático haya concluido, el mundo podrá llegar verdaderamente
a su fin:
Apocalipsis 20,7. ... será Satanás soltado de su prisión,
Apocalipsis 20.8. y saldrá a extraviar a las naciones..., a Gog y Magog, y
reunirlas para la guerra...
Esto es un eco de Ezequiel, de la visión apocalíptica de la última batalla:
Ezequiel 38.2. Hijo de hombre, vuelve tu rostro a Gog, de la tierra de Magog...
Las fuerzas del mal vuelven a ser derrotadas y destruidas y ahora, por fin, todo
ha terminado, incluso el milenio sabático, y viene el día del juicio:
Apocalipsis 20.12. Vi a los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante del
trono...* fueron juzgados los muertos...
Jerusalén
Una segunda creación, perfecta esta vez, sustituye ahora a la anterior e
imperfecta:
Apocalipsis 21.1. Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y
la primera tierra habían desaparecido...
Apocalipsis 21.2. Y vi ** la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que
descendía...de Dios...
La nueva Jerusalén rebosa del simbolismo triunfal del número doce, tanto en el
significado antiguo como en el nuevo:
Apocalipsis 21.10. ... la... santa Jerusalén
Apocalipsis 21.12. ... Tenía un muro grande y alto y doce puertas... y nombres
escritos que son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel:
Apocalipsis 21.14. El muro de la ciudad tenía doce hiladas, y sobre ellas los
nombres de los doce apóstoles del Cordero.
Y con la descripción de la ciudad en los términos más vivos posibles, el autor
del libro cita las palabras con que un ángel recuerda enfáticamente al lector
que todas las profecías se cumplirán rápidamente:
Apocalipsis 22.6. ... Éstas son las palabras fieles y verdaderas, y el Señor,
Dios... envió su ángel para mostrar... las cosas que están para suceder pronto.
Apocalipsis 22.7. He aquí que vengo presto...
Y con esta promesa, aún insatisfecha casi dos mil años después, concluye el
Nuevo Testamento.






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Creado el: 26.04.2008 a las 23:39:47 hs.
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#1 - mdavilauy | 26.04.2008 23:56:10 dijo:
Al diablo loco, no me voy a leer todo esto para saber algo del 666. Con onda eh
#2 - motawn | 26.04.2008 23:56:47 dijo:
jejejeje......idem mdavilauy....
#3 - menendezz | 27.04.2008 00:15:07 dijo:
idemmdavilauy ymotawn
#4 - ArielColo | 27.04.2008 00:20:20 dijo:
en resumen: el numero sagrado es el 7, representa la perfección, por lo tanto el 6 NO es perfecto (casi)... el 666 es tres veces NO perfecto, y como la tercera es la vencida (el colmo de la imperfección, segun el texto de arriba) entonces el 666 viene a ser algo asi como algo opuesto a lo sagrado, lo contrario de Dios, o sea el Demonio.

Fin del resumen.
#5 - orochiforja | 27.04.2008 00:30:51 dijo:
interesante.... pero creo que en la biblia hay mas de un numero importante.... no solo el numero de la bestia... igual mi numero favorito es el 666 o el 999 como en la pelicula de arnold... el dia final!! peliculon por cierto
#6 - martincho29 | 27.04.2008 01:00:50 dijo:
idemidem
#7 - cornelius | 27.04.2008 02:42:31 dijo:
muuuuuuuuuuuyyyyyyy laaaargo........
#8 - StreoAmbiente | 27.04.2008 17:10:54 dijo:
chucha ke habia pa leer.-.. me canse en el 3º renglon,,,pero vhamo con 333...*2
#9 - StreoAmbiente | 27.04.2008 17:12:05 dijo:
el 333*2...
#10 - hugo20102 | 23.05.2008 21:08:38 dijo:
666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666 = 666 Numeros 6
Te animas a contarlos???
#11 - san1889 | 23.05.2008 21:12:25 dijo:
un dia un amigo escribio el 666 en un banco y el profesor le reprobo la materia , :S sin tantas teorias boludas yo no lo escribi y no me paso nada en cambio el se tubo q qedar estudiando todo el verano .... supongo q por eso el 666 es tan malooooooo
#12 - shadowk | 20.06.2008 05:08:59 dijo:
poer tener q quedarc estudiando el verano......

sh.. ni tocar es numero en tonc...


jajaj
#13 - telopico69 | 07.07.2008 16:27:32 dijo:
ACHISSS ESTA MUY LARGO EL CHISTE ES Q ES UN NUMERO DEL SATA
#14 - adel616 | 21.07.2008 22:18:04 dijo:
Buenisimo. Explicacion corta del post: Todavia hay ignorantes que creen que el apocalipsis es una advertencia profetica del final de los tiempos cuando en realidad es solo una critica disfrazada al culto imperial romano. Ya se habian escrito otras cartas criticando a los paulinos, etc... y todos esas cartas antes del apocalipsis... pero como Juan estaba preso no podia referisrse abiertamente al culto romano sin ser ejecutado. En resumen el 616 (el numero del medio faltaba en las versiones viejas y se completo con otro 6) es solo un codigo numercio para referirse a un cesar que perseguia a los cristianos. La bestia de las 7 cabezas y las siete coronas era roma con sus siete colinas y siete regentes. Insisto, muy bueno el post. Si fuera full te daria puntos
#15 - cristelita08 | 29.11.2008 13:09:16 dijo:
no caigan en el escepticismo!!!el apocalipsis viene pero los ke se tienen ke preocupar son los incredulos ke juegan a hacerse los malos con el666 y otras cosas!!
no crean ke pueden usar la tarjeta de credito de satanas y el no les va a cobrar intereses ke por cierto son mucho mayores de lo ke pensas!!!
#16 - cristelita08 | 29.11.2008 13:10:02 dijo:
tampoco creas ke podes sacar algo bueno del infierno!!
#17 - posy06 | 29.11.2008 13:13:45 dijo:
te zarpaste en largo, mejor voy a ganar si leo los libros que tengo que leer de la facultad.
#18 - rapunzelo | 06.02.2009 01:15:00 dijo:
cristelita08 dijo:

no caigan en el escepticismo!!!el apocalipsis viene pero los ke se tienen ke preocupar son los incredulos ke juegan a hacerse los malos con el666 y otras cosas!![br]no crean ke pueden usar la tarjeta de credito de satanas y el no les va a cobrar intereses ke por cierto son mucho mayores de lo ke pensas!!!



¿Qué lo que decí?
#19 - Nile99 | 06.02.2009 01:18:32 dijo:
666 the number of the beast, temon
#20 - Juan Carlos G | 21.02.2009 23:30:18 dijo:
Prueben esto:
1. Agarren cualquier código de barras de una producto cualquiera.
2. Identifiquen las tres barras sobresalientes al inicio, centro y final del código (con esta forma ║ dos líneas verticales paparelas) que encierran a las demás
Esa barra representa al número 6. En total, todos los códigos de barras (los de la mayoría, tienen esta forma).
Aohra bien, estos versículos que transcribo de la Reina Valera 1960,
Apoc 13:16 Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente;
Apoc 13:17 y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.
Apoc 13:18 Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.

Indicarían a un sistema de comercio mundial, donde cada persona se le asignaría esa marca, como una especie de tarjeta de credito-débito-cuentasueldo en la mano derecha o en la frente, que podría ser escaneada. Y el número, es un número arbitrario, como indico mas arriba, presente en el código "de producto".
#21 - DamianV | 26.02.2009 16:11:14 dijo:
Juan Carlos G dijo:

Prueben esto:[br]1. Agarren cualquier código de barras de una producto cualquiera.[br]2. Identifiquen las tres barras sobresalientes al inicio, centro y final del código (con esta forma ║ dos líneas verticales paparelas) que encierran a las demás



JAJAJA!! lineas paparelas....
q manera de hablar huevadas....
laburo, familia, amor, amistad...
muchachos... tantas cosas para hacer bien y preocuparse y se enzarzan en estas discusiones...
Usemos bien nuestro tiempo.
Saludos.
#22 - vivi07 | 24.08.2009 17:52:28 dijo:
DamianV dijo:

Juan Carlos G dijo:

Prueben esto:[br]1. Agarren cualquier código de barras de una producto cualquiera.[br]2. Identifiquen las tres barras sobresalientes al inicio, centro y final del código (con esta forma ║ dos líneas verticales paparelas) que encierran a las demás

[br][br]JAJAJA!! lineas paparelas....[br]q manera de hablar huevadas....[br]laburo, familia, amor, amistad...[br]muchachos... tantas cosas para hacer bien y preocuparse y se enzarzan en estas discusiones...[br]Usemos bien nuestro tiempo.[br]Saludos.


que pasa Damian V parece que no podes masticar chicle y cruzar la calle!!!!!!!! hay que prestar atencion a todo, sino un dia vas a tener ese numerito inscripto en alguna parte de tu cuerpo , aparte de lo que significa , o sea esclavo de !!!!!!!!!!!!!!!!

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